Sintaxis Visual

La fotografía como documento histórico

Joel Verdugo

Para documentar hechos pasados, podemos utilizar todos aquellos vestigios o huellas que aporten información sobre el objeto de estudio. Tales documentos pueden ser voluntarios, esto es, hechos con el propósito de construir un testimonio; y no voluntarios, todos aquellos que no fueron hechos con la preocupación de instruir a la opinión pública de sus contemporáneos o la de futuros observadores.
De tal manera existen fotografías que documentan la historia, voluntarias y no voluntarias, es decir, que no es necesario registrar un evento socialmente trascendente o tener la intención de hacerlo para que la fotografía pueda servir al estudioso, para reconstruir o interpretar hechos pasados.
La fotografía, inventada en Francia en 1826, es la técnica que permite fijar imágenes trasmitidas por la luz sobre un soporte fotosensible, y reproduce instantes de la realidad con una fidelidad absoluta que puede sugerirnos la ausencia de toda subjetividad en el evento de la realidad concreta que mostramos como producto fotográfico.
Sin embargo, como producto comunicativo, la fotografía contiene un mensaje que le otorga el transmisor, pero existe un receptor o lector que la interpreta y que lo hace, necesariamente, desde su propio contexto.
El alcance de la imagen fotográfica en la civilización de la imagen en la cual nos encontramos inmersos actualmente, con respecto a su constitución como documento de lo real vivido, conforma importante tronco del árbol genealógico de la fotografía: El fotorreportaje que induce al fotógrafo a dejar el estudio y salir a la calle a la caza de acontecimientos sociales, eliminando poses y la representación de la escena, para dar lugar a lo espontáneo: “lo que transcurre y ocurre inesperadamente”; la foto de reportaje es el registro del acontecimiento, de lo que merece ser registrado y mostrado al mundo presente y futuro, convirtiéndose así en la “memoria del mundo” (se construye como en imagen-documento).
De este tronco genealógico de la fotografía (como documento de lo real), se desprende además del fotorreportaje, el documentalismo, la foto de identidad, el fotoconsumismo, la foto psicológica y la foto sociológica .
Desde el punto de vista sígnico, y siguiendo a Dubois, la fotografía puede ser considerada en tres formas:
La fotografía como espejo de lo real (el discurso de la mimesis).
La fotografía como transformación de lo real (el discurso del código y la deconstrucción).
La fotografía como huella de un real (el discurso del índice y la referencia)
Aunque ha llegado tarde al razonamiento del historiador -afirma Marc Ferro-, la imagen desempeña en él una función que puede compararse a la del neurótico en el orden médico. En vez de remitir a los conceptos y categorías que el orden histórico se ha construido, la imagen remite también a otras imágenes: ella formula así un tipo autónomo de discurso. Un tipo de discurso que cuestiona el discurso histórico tradicional.
En estas condiciones se comprende que quienes disponen del monopolio de los discursos de la sociedad (políticos, historiadores, juristas, etcétera) hayan excluido a la imagen de su análisis. Detentadores de poderes, la han prohibido en nombre de su legitimidad: es la censura. Detentadores de saberes, la han desacreditado en nombre de su “cientificidad”: es el desprecio del oprobio, la ignorancia.
La fotografía es sin duda un documento, una herramienta de primera mano que se puede, a través de ella, interpretar aspectos socioculturales de relevancia en el análisis sociohistórico de eventos sociales objeto de investigación.


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